Me gusta o no me gusta

Julia tiene 14 años y sus padres están muy preocupados porque desde que tenía algo menos de un año ellos le leían cuentos a diario, cuando ella aprendió a leer devoraba los libros y siempre en sus regalos ya fuese su cumpleaños o Navidad iban un par de libros incluso su regalo de fin de curso era un pack de libros para disfrutarlos en verano algo que le apasionaba pues tenía más tiempo para leer. De algunos de sus libros también vio las películas e incluso escribía sus propias historias.

Sus padres retrasaron la compra del móvil todo lo que pudieron y le regalaron el primero en su 13 cumpleaños sin imaginarse que este dispositivo haría que se fuese apartando de los libros. Le siguen regalando libros pero se van acumulando en las estanterías sin leer porque el móvil ha sustituido a los libros y solo lee y no de muy buena gana los que le exigen en el instituto y cada vez habla menos con sus padres pues solo está preocupada de los “Likes” de Instagram.

Los datos no aliviarán a los padres de Laura porque son preocupantes, hasta los 14 años los niveles de lectura de nuestros niños es muy alto, el 85,2% de los niños de seis a nueve años lee y mucho, el 70,8% de los niños de 10 a 14 años leen con la misma intensidad pero al llegar a los 15 años y hasta los 18 el porcentaje baja hasta el 44,7%. Las razones son diversas, si pensamos en nosotros cuando teníamos 15 años: éramos más independientes, pasábamos más tiempo con los amigos, los estudios eran más exigentes pero hoy los mayores responsables son los dispositivos tecnológicos estando a la cabeza el teléfono móvil. La literatura que se lee también cambia a partir de esa edad  y son libros de “Instragramers o Influencers” que son a los que los adolescentes siguen desde las Redes Sociales.

Reflexión: va a ser difícil atraer a los adolescentes a la lectura pero todos hemos pasado por esa edad aunque fuese sin móvil y estoy segura que volverán a la lectura. Dice el refrán que “El que tuvo retuvo y guardó para la vejez”, será mucho antes de la vejez cuando vuelvan a la lectura por pasión y lo digo por experiencia propia; porque no hay nada comparable a la lectura, nada ni nadie te lleva por lugares inéditos e inexplorables, nada ni nadie te hace vibrar como la lectura y si leyeron volverán a hacerlo; por eso le he dicho a los padres de Julia que no se preocupen en exceso porque volverá a ser una lectora apasionada como lo era hasta ahora. Nos vemos

 

 

 

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No me presiones

Pedro tiene ocho años, cursa 3º de Primaria, desde que comenzó el colegio con cuatro años, nunca ha llevado su mochila, va relajado al colegio, con las manos en los bolsillos o jugando con algún juguete por lo que yo me pregunto si sabe realmente dónde va. A partir de 1º de Primaria lleva a casa unos pocos deberes y aunque tiene agenda, no se preocupa demasiado pues su madre forma parte de un grupo de WhatsApp, las famosas “Chupipandis” y puede despreocuparse y así lo hace y me pregunto si conoce el significado de la palabra responsabilidad o los padres creen que aún es muy pequeño para saberlo; en mi opinión, el significado de responsabilidad lo deben aprender los niños sobre todas las demás cosas desde que son conscientes de sus actos. Cuanto más va pasando el tiempo y su nivel educativo va subiendo la presión que Pedro siente, y teniendo solo ocho años se siente estresado y presionado transmitiéndoselo a los padres y no sabiendo estos gestionarlo pues hasta ahora son ellos los que han realizado tareas que debería haber realizado Pedro.

Algunos estudiantes opinan que estudian mejor bajo presión otros no pero sea con ella o sin ella lo importante es organizarse y sobre todo responsabilizarse de su propio trabajo algo que Pedro a pesar de ser muy joven no ha hecho nunca pues lo han hecho sus padres por él.

A pesar de ser joven:

  • Deberían haberlo acostumbrado desde Primer curso a planificarse, en cambio la única planificación que han realizado es la de las actividades extraescolares prácticamente todos los días de la semana y como no va directamente desde el colegio, pierde cada día más de una hora además de la hora de la actividad, por lo que la planificación no es fácil.
  • Pedro debería o en su defecto sus padres calcular cuánto tiempo dedica cada día a los deberes y repasar un poco la unidad a estudiar.
  • Tener siempre papel encima de la mesa para poder anotar aquello que no entiende, lo que más trabajo le cuesta aprender e incluso hacer sus propios exámenes para repasar mejor.
  • Pedro se entretiene mucho y cada vez que se pone a hacer la tarea se enfada, no le apetece mucho, tal vez porque por parte de los padres nunca se le explicó ni concienció de lo que era la escuela, a qué va porque a veces escuchamos a los padres de camino al colegio decirles “Si te lo vas a pasar muy bien, si vas a jugar” por supuesto que al colegio no va a pasarse más, al colegio se va a aprender y a relacionarse en grupo y a estas edades siempre lo hemos pasado bien, por qué ahora no.

Reflexión: los padres para motivarlo le han dicho que cuando termine el próximo curso, es decir, cuarto de Primaria y sin haber cumplido diez años pues los cumple en el mes de agosto le regalarán un teléfono móvil si sus calificaciones son buenas. Habéis leído bien y aún así los niños se sienten presionados por los deberes, por los exámenes y por todo aquello que no es comodidad. No sé si Pedro cuando vaya al instituto llevará un mayordomo para que le lleve la mochila o se la seguirá llevando su madre porque si la tiene que llevar él, la presión será máxima. Responsabilidad es lo primero que deben aprender nuestros hijos, es lo primero que deben enseñar los padres y menos grupos de “Chupipandis”, menos agendas escolares y enseñemos a los niños desde edades muy tempranas que el colegio es algo muy serio y que requiere mucha responsabilidad. Nos vemos

 

 

Generación tras generación

Los especialistas se pasan el día poniendo nombres y características a las nuevas generaciones sin darse cuenta que nada de ello se cumple o si lo hace es en un porcentaje imperceptible. A esta generación que llega la denominarán Alpha y son los hijos de los Millennials, nacidos en plena era digital y personalmente los definiría como “los niños más consentidos de la historia, nada creativos porque todo se lo resuelven para que no den problemas y con un móvil en le mano con apenas meses para que estén callados”. Esta generación se caracteriza porque sus componentes son bastante solitarios y viven a través de los smatphones y los ordenadores, viven pegados a las Redes Sociales, los youtubers y los influencers.

Los primeros miembros de esta Generación tienen actualmente ocho años  y los expertos dicen que son decididos, inteligentes y está permanentemente conectados convirtiéndose en su modo de vida, lo que no nos dicen los expertos es que están conectados a videos y contenidos que la mayoría de los padres no controlan, que no saben que la tecnología les ayudaría a estudiar más y mejor porque los conocimientos como tal les interesan poco ya que la mayoría espera que su futuro profesional sea de youtuber o influencer porque creen y en algunos casos los padres lo apoyan que llegarán a ser millonarios delante de una cámara. Que son más decididos e inteligentes no lo tengo muy claro; si pasamos por un parque vemos como los niños están montando en un columpio y las madres poniéndoles el bocadillo en la boca para que lo coman o si están ocupados los columpios solicitan a sus padres que les digan a algún niño que se baje para subir ellos o si hay alguna contrariedad no la resuelven ellos si no los padres, en mi mundo a estas situaciones y resolución no se las denominaba “decididas ni inteligentes”.

Según algunos estudios- personalmente de dudosa creencia – los videojuegos están relacionados con la mejora en las capacidades cognitivas llegando a conseguir mejores resultados en los test de inteligencia porque mejoran las destrezas visuales. Que vamos hacia una sociedad diferente es una evidencia y en otros países tal vez se note ese cambio, en nuestro país aún tardará en llegar porque nuestra idiosincrasia es bastante peculiar y la tecnología solo se la ofrecemos a los más pequeños para que nos dejen tranquilos sin enseñarles realmente la utilidad de la misma. Para Michael Merzenich, profesor de neurociencia “Nuestros hijos deberán aprovechar todos los beneficios de la tecnología para poder desarrollarse tanto personal como profesionalmente”.

Reflexión: que la tecnología es beneficiosa es una evidencia pero que hay que canalizarla desde que el niño es pequeño es una realidad que no se cumple o se hace en contados casos por lo que el niño solo ve la tecnología como una herramienta de ocio, ya no hace falta salir a jugar al parque a jugar, nuestros hijos son felices y están muy entretenidos con las “maquinitas” pero que sirven para aprender aún no lo saben porque los padres no les han explicado la verdadera utilidad. Nos vemos

Yo quiero, tú quieres

En un día tan especial como hoy, el amor está a flor de piel, pero no sabemos qué tipo de amor porque las emociones y su gestión es una asignatura pendiente en cualquier plan de estudios: de nuestros estudiantes, nuestros hijos solo nos interesa el coeficiente intelectual, el boletín de notas sin tener en cuenta que en el futuro tendrán que relacionarse y gestionar sus emociones porque sin ello la vida laboral se les va a hacer muy difícil. Cada vez son más los candidatos a los que se les exige poseer un perfil multidisciplinar, ser proactivos y adaptarse al cambio y a veces los padres no lo ponemos muy fácil pues cuando los hijos ya se han asentado profesionalmente hablando nos da miedo que digan que van a cambiar.

Para Juan José Miguel Tobal, director del Máster en Inteligencia Emocional e Intervención en Emociones y Salud de la Universidad Complutense de Madrid, un individuo emocionalmente inteligente es aquel que posee “Una autoestima adecuada, control sobre sus propias reacciones, facilidad para motivarse y marcarse objetivos, capacidad de adecuación, equilibrio entre la eficiencia y la tolerancia y solvencia para superar dificultades y frustraciones”. Leer estas palabras me lleva a la niñez donde debíamos marcarnos nuestros propios objetivos, controlar nuestras reacciones, superar las dificultades y las frustraciones porque la mayor preocupación de nuestros padres era que tuviésemos una formación adecuada – la que ellos no habían tenido – que tuviésemos ropa y comida y sobre todo que estuviésemos bien educados y como ellos decían “ nos pudiesen llevar a cualquier lado”, lo demás corría de nuestra cuenta y así aprendimos a valorarnos, nos hicimos empáticos, superamos dificultades solos o acompañados porque la amistad entonces se escribía con mayúscula, porque con un apretón de manos el trato estaba cerrado; en cambio hoy en día hay que pasar por notario aunque solo sea para compartir unas vacaciones o un décimo de lotería.

Para Miguel Tobal nos queda aún por recorrer un camino muy largo “En Gran Bretaña por ejemplo, hace ya años que comenzaron a introducir formación en niños sobre educación emocional. Desde pequeños nos enseñan Lengua, Matemáticas o Geografía pero casi nunca a conocer nuestros sentimientos y emociones y a manejarlos de manera útil”. Discreparé y mucho en este argumento, las emociones, los sentimientos y su gestión se aprende en los hogares: Qué maestro puede gestionar las emociones de un niño que lo tiene todo y todos los días le dicen que es el mejor, qué maestro puede gestionar los sentimientos de un niño que una cafetería o un restaurante es su lugar de juego y en el aula tiene que estar sentado, qué maestro puede gestionar las emociones de un niño que cuando le dicen lo que tiene que hacer coge una rabieta o no lo hace porque sus padres así lo han educado…. La verdad es que sobre el papel todo es perfecto, en la práctica es muy difícil y hoy más que nunca con tantos “Reyes y Reinas” en nuestras casas, con estos niños tiranos que hacen de sus padres lo que quieren porque así los han educado.

Reflexión: en mi época al colegio se iba a aprender conocimientos y la parte emocional la creábamos nosotros en el recreo o al salir del colegio con los amigos; hoy en día no se aprende demasiado en el colegio y las emociones se trabajan a diario poniendo en el cuaderno “caritas” al igual que en los boletines de notas, ya no hay niños que destaquen pues tienen que ser “todos iguales” no sea que se frustren, hoy más que nunca se producen casos de bullying y algunos bastante crueles por lo que creo que los niños deben ser educados emocionalmente por sus padres, la escuela puede y debe trabajar la parte grupal pero no puede hacerse cargo de las emociones personales porque cada niño vive en una familia distinta con una idiosincrasia distinta. Nos vemos

 

 

No olvides el detergente

Petri se levanta a las siete cada mañana, se ducha, se viste y prepara el desayuno para ella y para Mario su hijo de siete años, recoge la habitación y despierta a Mario, desayunan juntos mientras charlan un poco y mientras él recoge su habitación ella recoge todo lo del desayuno y va anotando en una pizarra que tiene en la cocina las cosas que tiene que comprar. Lleva a Mario al colegio y de vuelta a casa entra en el supermercado a comprar, vuelve a casa a preparar la comida para ella y la cena para todos, limpia aquello que le da tiempo y si tiene algo que planchar lo hace. Petri redujo su jornada cuando nació Mario y trabaja de de doce a cuatro de la tarde, Mario come en el colegio y se queda en actividades extraescolares hasta la cinco que llega Petri a recogerlo. Se quedan un rato en el parque, vuelven a casa, Mario hace los deberes y mientras ella hace alguna tarea más pendiente; después juegan hasta las siete de la tarde que llega Juan, su pareja; a esa hora ella ducha a Mario, le pone el pijama y su padre juega un rato con él mientras Petri prepara la mesa para cenar, ellos la “ayudan” y tras terminar de cenar le leen un cuento a Mario y se va a dormir. Entonces la pareja se sienta a ver la televisión o charlar un rato antes de irse a la cama.

Los fines de semana Petri se levanta a la misma hora para poder hacer las tareas que ha dejado a medias durante la semana y así disfrutar más tiempo de Mario y su pareja; organiza lavadoras, plancha, limpia más intensamente y prepara la lista de la compra semanal, así como el planning de la semana. Mario y su padre se levantan, ya tienen preparada la mesa para el desayuno y cogen el coche para ir al campo de fútbol pues cada semana juega en un campo diferente. Mientras ellos están en el partido Petri va al supermercado a hacer la compra semanal, ya tienen calculados los tiempos y la recogen en el coche para subir entre todos la compra a casa. Como ya ha dejado la comida preparada, guarda la compra y ponen la mesa entre los tres, comen, charlan, recogen la mesa de nuevo, Petri pone todo en el lavavajillas y se sientan con Mario a ver una película infantil. Salen a pasear y no paran en el parque porque hace mucho frio y no hay niños, vuelven a casa y juegan un rato los tres, leen y charlan; como es sábado cenan un poco más tarde pero a pesar de ello a las 21.30 Mario ya está en la cama. El domingo Petri se queda en la cama un ratito más pero no mucho pues quiere asegurarse de que tiene bien preparado todo el planning de la semana y así irá organizada y sin que surja ningún contratiempo y si así fuese que no descabalase mucho su planning.

Estaréis pensando por qué os cuento todo esto si parecen una familia muy bien estructurada, os lo explicaré: Montecastelo es un colegio en Vigo que considera que la igualdad se aprende con hechos  y ha creado una actividad complementaria de tareas del hogar para “derribar estereotipos y roles que se asignan de forma inapropiada a la mujer y que provocan una injusta desigualdad”. En 4º de la ESO los alumnos aprenden a planchar una camisa, coser un botón, reparar un cuadro eléctrico, hacer tareas de bricolaje básico, poner una lavadora o una secadora y a cocinar platos básicos, denominada “Home Skills”, “Nos parecía muy útil que nuestros alumnos aprendiesen a realizar estas tareas para que cuando algún día formen una familia se impliquen desde el principio y sepan que una casa es cosa de dos, que es no es cuestión de que la mujer limpie, ponga el lavavajillas y planche”.” Esto permitirá que vayan tomando conciencia y sabrán manejarse en el hogar” argumenta el Centro Escolar.

Reflexión: dice el refrán que “Menos da una piedra” y ahora entendéis mejor mi historia, Petri no solo plancha o cose un botón o tal vez ponga el lavavajillas, ella es la que “Piensa y gestiona” todo el trabajo. Educar en igualdad no es decir “Pon la lavadora o plancha esa camisa” educar en la igualdad es que todos los miembros de un mismo hogar sepan que la gestión del mismo es cosa de todos. Educar en igualdad es saber que “Falta mantequilla en la nevera” no que me den la lista de la compra y vaya a comprarla pero sin haber mirado si hacía falta o no porque ya se ha preocupado otra persona. Dice el colegio que la finalidad es para cuando formen una familia y yo les diría que no hace falta que esto suceda pues puede ser que vivan solos o van a estar siempre con sus padres. La iniciativa está bien pero la igualdad se empieza a trabajar desde casa, cuando una niña nace no creo que en su cerebro se coloque un chip que haga que esté preparada para las labores del hogar y si es niño no. La igualdad es que o bien Petri, la protagonista de nuestra historia o bien su pareja indistintamente pidan la reducción de jornada pero ha sido ella porque probablemente el salario de su pareja sea mayor, aquí empieza la verdadera igualdad; además este Centro Educativo a obviado los diferentes tipos de pareja;¿ Si fueran lesbianas tal vez no harían falta estas clases? Si por el contrario fueran una pareja gay ¿Las clases deberían ser más intensivas ya que son dos hombres? Las tareas del hogar no saben de sexo y desde la niñez hay que trabajar la igualdad, nadie dijo que las mujeres estaban más capacitadas para ello que los hombres y hemos de ponernos manos a la obra. Nos vemos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Yo no participo

Hoy tomando café con mi amiga Mari Carmen la he encontrado muy angustiada pues no sabe cómo motivar a su hijo para que participe en juegos y otro tipo de actividades en el colegio ya que cuando se trata competir le encanta, suele hacerlo en carreras populares o cuando hay fiestas y programan actividades o juegos diferentes. Marcos que así se llama su hijo y tiene 10 años está acostumbrado a ganar y perder o perder y ganar como queráis, desde su primer juego de mesa que compartió con sus padres, nunca le dejaron ganar por ser más pequeño; siempre le explicaron que siempre hay quien gana y quien pierde, que hay que saber perder y sobre todo que para saber ganar había que prepararse muy bien y con mucha responsabilidad sobre todo porque siempre y que nunca lo olvidase el juego debería ser limpio.

La próxima semana se celebra el 25 aniversario del colegio al que asiste y han preparado muchas actividades de todo tipo y su tutora le ha dicho a mi amiga que no se ha inscrito en ninguna y que aunque ha intentado convencerlo no lo ha conseguido y no entiende por qué, yo que no sabía nada del problema también le pregunto la causa y tras explicármelo la entiendo perfectamente: parece ser que para que los niños no se frustren, no se depriman ya no hay competitividad en la escuela, si hacen alguna actividad nadie destaca, les dicen que todos lo han hecho bien, que no ha ganado nadie “Habéis ganado todos” ; no daba crédito a lo que estaba oyendo, lo hacen también cuando entregan las notas porque así no crean tensión; ahora entiendo que Marcos no quiera participar, yo tampoco querría. A quién no le gusta ganar cuando juega al Monopoli, a quién no le gusta ganar cuando participa en una carrera, a quién no le gusta ganar cuando hay concurso de disfraces. Entiendo que habrá que ensalzar el trabajo de todos pero “Todos no podemos ganar”. Qué estamos haciendo con la educación.

Voy a la DRAE (Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua)y encuentro que “Competir es contender entre sí dos o más personas aspirando unas y otras con empeño a una misma cosa” no veo nada negativo ni traumático en esta definición, al contrario la palabra “Empeño” significando “Deseo vehemente de hacer o conseguir algo o tesón y constancia en seguir una cosa o intento” solo tiene connotaciones positivas: Vehemencia, tesón, constancia o intento de hacer algo; todo palabras que animan al niño a seguir adelante.

Reflexión: no sé para que sociedad estamos educando a los niños y jóvenes, para una sociedad competitiva estamos educando en “Todos lo habéis hecho muy bien”, competir no es negativo, tal vez la negatividad se infunde desde los hogares, la negatividad se infunde cuando a los niños por ser niños se les deja ganar sin que se esfuerzo; todo lo demás son metodologías que van a llevar a nuestros hijos al abismo y entonces no habrá nada que hacer. Ahora entendéis a Marcos, yo al menos sí lo entiendo. Nos vemos

¡Qué divertido es aburrirse!

Cuando escuchamos “Fuego” o “Al ladrón” se desatan todas las alarmas o así lo creíamos hasta ahora porque hay una expresión que desata no solo las alarmas sino que todos se ponen manos a la obra para sofocarlo y es cuando escuchamos “Me aburro”. Para Sandi Mann, doctora y profesora asociada de Psicología en The University of Central Lancashire (Reino Unido) “El aburrimiento es realmente beneficioso para nosotros” y pese a estar rodeados de un sinfín de estímulos “nos aburrimos más que nunca”, de lo que estoy totalmente de acuerdo y en los adultos la situación la gestionan ellos pero en los niños es totalmente diferente y es cuando los padres encienden las alarmas. Para esta doctora “las organizaciones deberán tomar medidas para reducir el aburrimiento en los empleados, tal y como están obligados a hacerlo ahora con el estrés”, yo le respondería que el aburrimiento en los adultos es el resultado del aburrimiento y su nula gestión en la niñez.

Si  retrocedemos desde los años 60 hasta los 90 podemos ver que el aburrimiento se practicaba muy poco a casi nada  porque la mayor parte del día lo pasábamos en la calle jugando con nuestros amigos, en casa conocíamos muy bien las normas y de nada nos servía decir “Me burro” por lo que la creatividad y la imaginación estaban siempre trabajando, algo que ahora casi ha desaparecido pues los niños desde que nacen están estimulados por todos los lados y en el momento en que desaparece el estímulo se ponen a llorar y cuando son algo mayores empiezan las rabietas para lo que los padres utilizan los móviles y tabletas sin dejar un minuto para la creatividad, algo que se les va a exigir en el futuro para cualquier tipo de trabajo. Para Mann “Los niños de hoy no saben cómo crear su propia estimulación y dependen de un modo pasivo de los proveedores externos de entretenimiento y de compromiso. Enriquecer la vida de nuestros hijos pasa por abrazar el aburrimiento y permitirlo de nuevo en sus vidas”.

Reflexión: vemos con frecuencia niños que no reaccionan a preguntas básicas, parece que están en otro mundo, que están perdidos y se debe a que la comunicación oral es escasa y a veces nula. Desde la escuela tampoco se promueve demasiado la creatividad, el que hablen de un tema sin prepararlo para valorar la capacidad de improvisación, saber si los niños son resolutivos porque si no lo practicamos y los padres siguen encima de ellos marcándoles cada paso, en el futuro serán verdaderos robots o borregos, la denominación que más nos guste. Dejemos que el niño elija su columpio en el parque, si está ocupado que aprenda a esperar o lo solicite él mismo, dejemos que aprenda a hacer las cosas por él mismo y sobre todo dejemos que se aburra porque del aburrimiento obtenemos muy buenas acciones, muy buenas conclusiones y sobre todo creamos. Nos vemos

 

 

 

 

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